Mis recuerdos de esta noble tierra se retrotraen diecisiete años cuando ya casado con Hetepheres asistimos durante varios años a un curso de verano que se celebraba en el Seminario de Monte Corbán (Santander) que duraba más o menos una semana. Pudimos conocer, bastante bien, por cierto, la capital de la región uniprovincial conocida por muchos como la Montaña.
Recuerdo que, por la mañana temprano, me gustaba dar un paseo por los caminos de este barrio, pasando por el impresionante cementerio municipal de Ciriego, uno de los más bonitos de España, con vistas espectaculares al mar, terminando en la ermita de la Virgen del Mar, patrona de Santander. Otros días recorría el litoral admirando el siempre encrespado mar Cantábrico. Terminaba la caminata en “Casa Tucho”, que por entonces era un bar de trabajadores, donde” disponía de unos pinchos exquisitos y un inmejorable café. En dos mil veintitrés volvimos a esta zona y todo había cambiado para mejor, sin duda, aunque para nosotros había perdido algo de su esencia ya que la zona se había convertido en residencial de clase alta y “La Tucho” en un gastrobar restaurante.
Pasó el tiempo sin detenerse y hace para cuatro años en un verano de un calor asfixiante me dijo Hetepheres cuando estábamos en la biblioteca de La Atalaya que al año siguiente iríamos de vacaciones a Cantabria, a un pueblo, que ella se ocuparía de buscarlo. Y fue así como conocimos ese lugar en el mundo llamado Loma Somera, en el Real Valle de Valderredible. Han sido tres años consecutivos los que hemos disfrutado del lugar y sus habitantes.
Gracias a Loma hemos tenido el privilegio de conocer más del setenta por ciento de lo que es Cantabria, no queda ni un valle que hayamos pisado, no nos ha dado tiempo para más pues es bien conocido que esta tierra noble es inabarcable e infinita. Nos hemos enriquecido con su patrimonio cultural, histórico, artístico, paisajístico, gastronómico y también el humano. Las iglesias, eremitorios y necrópolis rupestres son dignas de admiración. En una de ella, en la Iglesia de Santa María de Valverde, íbamos a Misa los domingos.
La gastronomía cántabra es de las mejores de España con diferencia. Los paisajes que allí se disfrutan, ese desfiladero de La Hermida que es simplemente impresionante, subir por el Teleférico a Picos de Europa en Fuente Dé viene a suponer una experiencia vital difícil de explicar con palabras, el Santuario de la Virgen de la Bien Aparecida, Patrona de Cantabria, que está a cargo de los Trinitarios, Limpias, Ampuero con su coqueta Plaza de Toros donde fuimos a apoyar a nuestro querido y buen amigo Víctor Janeiro. Reinosa, lo que rodea el embalse del Ebro, los pueblos en torno a Alto Campoo o el Collado de la Fuente del Chivo a mil novecientos noventa y dos metros sobre el nivel del mar.
Gracias a Loma Somera pudimos visitar Pamplona (Navarra), algunos pueblucos del Principado de Asturias, la Montaña Palentina, parte norte de la provincia de Burgos y la capital de esta que tanto me ha llegado a impresionar.
Pero lo mejor, sin duda alguna, son los buenos amigos que allí hemos dejado que nos esperan con las puertas abiertas. Mari Carmen, Juanma, Fernando Fernández, alcalde de Valderredible, Marifé, Adrián, Goyo, Francisco, Marian, Carmen, Jesús, Segundo, Tomás, María Jesús, Víctor, Ana, Loli, Conchi, Felipe, Laura, María Amor, José Luis, Carmen Rosa, Albano, Velilla y un largo etcétera que están muy presentes en mi vida.
Cantabria es una tierra que te hace sentir en casa y de la que tengo noticias diarias por “Vive Campoo”, medio digital de información, el cual conocí gracias a Adrián Alonso, periodista al que tuve el honor de conocer en Loma Somera.
Jesús Rodríguez Arias


