Antes que nada, debo decirle, Majestad, que hace mucho tiempo que no intercambio deseos con vuesas Majestades. Y no porque se me haya ido la Ilusión, esa permanece inoculada en mi corazón gracias a mi madre que supo contagiarme de su amor por la Navidad y todo en cuanto ella acontece. No, pienso que el devenir de la propia vida, con su camino, senderos y recovecos, que a veces atraviesas, te hacen olvidar lo esencialmente importante, lo que llena el alma, lo que ha tenido sentido para uno desde siempre y escribir la carta a Sus Majestades los Reyes Magos y Sabios de Oriente sin lugar a duda lo es.
Gran acierto el de la Hermandad de los Desamparados de San Fernando al elegir a los emisarios que están representando a Sus Majestades los Reyes Magos durante los días 26, 27 y 28 de diciembre en la Capilla de María Santísima de los Desamparados en la Plaza de San José. Tres personas buenas como son Manuel Javier Patino Acuña (Lolo), Ramón Rodríguez Verdejo “Monchi” y Roberto Suárez Canal, en calidad de Melchor, Gaspar y Baltasar.
Permitidme que mi carta, aunque vaya dirigida a los tres, la personalice en Rey Melchor, aunque de siempre he sido de Baltasar y tengo gran cariño por Gaspar. Pienso que los Sabios de Oriente son como “Los tres mosqueteros” famosa novela de aventuras de Alejandro Dumas, en colaboración con Auguste Maquet, donde se pronunciaba la célebre frase: “Todos para uno y uno para todos”
Tengo la impresión de que ser nombrado para representar a Sus Majestades los Reyes Magos y Sabios de Oriente se debe tener ante todo un perfil muy concreto y todos los nombrados cumplen con los requisitos. En el caso de Lolo, en el cual me voy a centrar, es además incluso más tangible pues es un hombretón, felizmente casado con Stilita Mosteiro, que aun teniendo la edad que marque el DNI, mantiene el corazón y la indefectible mirada de niño. Forma parte de un ámbito profesional donde cada día se ve lo mejor y también lo peor de la sociedad. Informar, comunicar, estar en la tramoya de un medio de comunicación como es Sal Televisión, del cual es director, abre los ojos a lo que es la realidad de la vida y sobre todo de las personas que en esta habitamos. Tener un corazón niño es primordial para los que tienen la encomienda de dejar a los niños se acerquen a Melchor, Gaspar y Baltasar, les cuenten, pidan y entreguen sus cartas tan llenas de ilusiones.
Tanto en Lolo, Monchi y Roberto concurren los perfiles idóneos para llevar tan honorable embajada. Los tres tienen el corazón niño, la mirada ilusionada, ese afán contagioso de hacer grandes cosas que reviertan en la sociedad. Los tres Sabios como los de Oriente a los que estos tres últimos días representan con elogiable dignidad.
Dicho esto, paso a escribir, confieso que me cuesta un poco hacerlo, mi particular carta a los Reyes Magos, Sabios y Solidarios de Oriente de la querida e isleña Hermandad de los Desamparados de San Fernando.
A SS.MM. LOS REYES MAGOS DE ORIENTE
Querido Rey Melchor (Lolo):
¿Qué de tiempo que no me dirigía a ninguna de Sus Majestades, para pedir nada para mí? ¿Verdad?
Antes, cuando era niño escribía con la ilusión de un niño y ahora lo hago con el de un hombre bregado que ha luchado en mil batallas, donde en más de una ocasión ha tocado fondo y gracias al Niño al que vais a adorar, se ha vuelto a levantar para seguir el camino que nos muestra la estrella que algún día lo llevará a Belén.
Esto que he escrito no es óbice para decirle que, aunque por las existenciales batallas libradas y con la desconfianza que a veces me muestra el género humano, hoy en día le confieso que a mis cincuenta y seis, recientemente cumplidos, aun me enorgullezco de tener un corazón de niño que se emociona, y de qué manera, cuando llega la Navidad.
Eso se lo debo a mi madre que me inculcó su pasión por estas fechas tan significativas. Ella las vivía con verdadera ilusión e intentando transmitir a sus hijos la magia de lo que significan estas fechas. Un mes antes, poníamos el Nacimiento, en el cuarto de la plancha. Allí metíamos mano sus cuatro hijos, mis tías Tata, Magdalena y por supuesto mi madre. Variopintas figuras que bien podían ser de plástico, de barro, con tantas grietas que parecían se iban a deshacer en las manos, así como otras heredadas que eran la “joya” familiar. Las montañas las que figuraban en el papel que comprábamos en la cercana Papelería “El Cano”, que estaba frente a la Compañía de María. La ornamentación de ramas de hibisco e incluso musgo, piedrecitas, un largo río con papel de aluminio envuelto en celofán azul recreaban el cauce de este.
Iba creciendo y las fuerzas de mi madre menguaban, mis hermanas se casaron e hicieron sus vidas. A mí manera intentaba recrear, en un espacio mucho más reducido, el Nacimiento que unía a la familia y a ella tanto le encantaba. Hoy en día Hetepheres y yo, mantenemos la tradición de poner un pequeño y sencillo Belén que preside nuestro hogar. Soy de los que empiezan a ver películas de Navidad en octubre y me da mucha pena cuando terminan pues en estas todo lo bueno puede suceder sabiendo que habrá un bonito y magnífico final.
Hace tanto que no escribo a Sus Majestades que al ponerme a ello se me han venido recuerdos de mi niñez, infancia, juventud así como de la madurez donde la Navidad no eran tantas extraordinarias luces, música navideña enlatada de países anglosajones, sonando por nuestras calles, no había, ni falta que hacía, recepción a Papa Noel ni nada que se le pareciera y por supuesto en cada pueblo y ciudad se instalaba en el lugar más céntrico el Portal de Belén con las imágenes del Niño Jesús, la Virgen María y San José que estaban acompañados por la mula y el buey amén de pastorcitos que tras el anuncio del Ángel iban a ver a su Rey.
A mí me chirría esos lugares, con una ambientación muy bonita, también cara, donde se sitúa el Ayuntamiento parezca todo menos la Navidad de nuestras creencias, raíces y tradiciones. Más parece sacada de una película americana donde solo falta, si estamos en Andalucía, las casas alumbradas y la sempiterna nieve que se ve caer en el estado de Vermont donde siempre destaca Woodstock.
Toda la “parafernalia” navideña concentrada en un sitio donde se desarrollan la mayoría de las actividades y actos mientras el portal con el Nacimiento de Jesús parece arrinconado en otro lugar, tras la cancela de una céntrica Iglesia, apartado del protagonismo de las luces, el color, los villancicos y el disfrute general de los ciudadanos. Parece como si nuevamente mandáramos a la Sagrada Familia, una vez más, a un establo, a una cueva, para que permanezcan alejados de todo y todos dos mil veintiséis años después. Da la sensación de que quién instituyó con la Natividad lo quieran apartar pues su presencia molesta a los que prefieren celebrar, a su manera, una laica “navidad”.
Por eso Sabio Rey Melchor te pido nos traigas Fe, la necesitamos para vivir, para transitar por este mundo que a veces parece tan sombrío como lejano.
Esperanza, para levantarnos cada día, para asumir las responsabilidades que tengamos encomendadas, para ser buenos padres, hijos, hermanos, amigos, esposos, donde dignifiquemos el matrimonio, respetándolo, honrándolo, haciéndolo santo con palabras, obras y la ayuda de Dios.
Caridad que es Amor con mayúsculas. Caridad para con nuestro prójimo, con aquellos a los que están necesitados tanto de lo material como también en sentimientos y espiritualidad. Hay tantas personas, que, aun estando acompañadas, se siente inmensamente solas. Hay tantos que necesitan poder hablar, hay tantas personas que solo necesitan una palabra de cariño, apoyo y comprensión. Hay tantos enfermos del alma que se mueren por dentro mientras la gente pasa por su lado como si no existiera.
Salud, de alma y cuerpo. Hay tantas enfermedades que son bien conocidas pero que salvo el que las padece muchos son los que las quieren ver. ELA, fibromialgia, intolerancias, depresión, ansiedad, enfermedades raras, TOC, adicciones varias, falta de Fe…
Amor, que es lo que vino a entregarnos a manos llenas el Niño Jesús y con Él, su Madre Bendita y también San José. Qué bonita es la vida cuando el Amor es dado y correspondido y que duro es todo cuando sientes, que, salvo los más próximos, son muchos los que con sus obras y palabras intentan dañarte con todo lo contrario a este.
Cuando vienen mal dadas en la vida me refugio en la oración y esta por la Paz de San Francisco de Asís siempre me ha ayudado mucho para entender que lo denominado como yoísmo no es bueno para nadie.
Señor, haz de mí un instrumento de tu paz. Que allá donde hay odio, yo ponga el amor. Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón. Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión. Que allá donde hay error, yo ponga la verdad. Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe. Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza. Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz. Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría. Maestro, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar, ser comprendido, cuanto comprender, ser amado, cuanto amar. Porque es dándose como se recibe, es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo, es perdonando, como se es perdonado, es muriendo como se resucita a la vida eterna. Amén.
Vida ante la cultura de la muerte. En una sociedad paganizada donde todo importa menos que nada, lo que desagrada, lo que es inoportuno para los intereses de cada cual, es “preferible” eliminarlo. De ahí la eutanasia y el aborto. La muerte nos llegará a todos cuando nos toque, cada uno tiene un día y una hora para cerrar los ojos a este mundo. Lo que tenemos que hacer, intentando santificar nuestro devenir diario, es lograr que cuando nos visite la de la guadaña nuestro fin no sea un túnel frío y oscuro sino la siempre luminosa Puerta del Cielo.
Cuando uno va cumpliendo años y lleva algunas cornadas de mala muerte la visión de todo cambia porque en verdad ya se va teniendo conciencia de que se atesora más pasado que futuro.
Alegría, sí, nos hace falta estar alegres, felices, contentos. Reírnos por cualquier circunstancia e incluso de nosotros mismos. Esto no quiere decir que nos riamos de los demás sino más bien con ellos.
Paz en el mundo, pero también interior.
Confianza, que es un don de Dios, y que cuando se pierde es muy complicado recuperarla.
Honor, como cualidad moral, respeto, dignidad. No es fácil vivir en él, pero merece mucho la pena ya que todas las noches al menos puedes dormir con la conciencia tranquila que no es poco.
Perseverancia en todo lo que tengo que hacer, que no deje para mañana lo que debo hacer hoy. Paciencia, saber entender que los tiempos de Dios no son lo que yo pienso deben ser. Prudencia para tener la suficiente templanza, cautela y moderación en los envites de la vida.
Fidelidad que es lealtad, honestidad, nobleza, confianza, franqueza, Fe. Siempre digo que solo soy fiel a Dios, a la Iglesia Católica y a mi mujer. Leal, con familia, hermanos del alma, amigos, de La Isla, de donde soy originario, Jerez de la Frontera, que considero mi segundo hogar, Andalucía, Cantabria y toda España.
Inspiración para poder seguir escribiendo porque por medio de este don puedo dar gloria a Dios, opinar en libertad e intentar hacer felices a los demás.
Humildad, que nunca me crea más que nadie, que el destructivo ego no forme parte de mi vida.
Sabiduría, para ser consciente de lo que es verdad y mentira.
Y si caen algunos libros pues mejor que mejor…
Para Hetepheres, os pido lo mejor de lo mejor, se lo merece pues tiene un corazón noble y justo. Es una persona que atesora grandes valores y una cultura muy extensa. Ella es franqueza, espontaneidad, siempre intenta ayudar y hacer el bien, de casta le viene al galgo pues sus padres la educaron en esos valores junto a sus tíos Charo y Miguel.
Mi máxima aspiración en la vida es que ella sea Feliz. Con eso me siento pleno.
Para todas aquellas personas que queremos y nos quieren traedles todo lo que os piden si es bueno para ellos. ¡¡Cuánta buena gente nos ha puesto el Niño Jesús en el camino!!
Para Stilita, lo que ella pide en silencio con una gran sonrisa, salud para su familia, para Stilita madre que en España reine la honradez y que algunos que están en las poltronas se caigan por las termitas carcomidas del deshonor y la vileza en la forma de ser y actuar en contra del interés general.
Para Lolo, Majestad, que siempre tenga ese enorme corazón de niño, que por mucho que tenga que trabajar, que en ocasiones incluso pueda estar extenuado de cansancio, siempre vea todo con ilusionada mirada.
Para la Policía Nacional y Guardia Civil que de una vez por todas se les reconozcan lo que en verdad son: Profesiones de riesgo. Este tipo de cuestiones no debería ni de pedir, pero los que están sentados en despachos, cobrando un dineral, mirando para el otro lado al que deberían mirar, no les sale defender a los que por vocación y profesión nos defienden y protejan a todos manteniendo el imperio de orden y la ley.
Sé que es una carta larga, demasiado, pero eran tantos los años que han pasado sin escribir nada a Sus Majestades los Sabios de Oriente que me he vaciado en mente y alma.
No sé si he sido bueno, pero os puedo asegurar que he intentado por todos los medios no ser malo.
En la madrugada del 6 de enero, si venís por casa, prometo dejaros buen queso y vino, pan y agua para los camellos y un libro “de corazón azul” así como “Corazón verde” para que cuando lleguéis vuestros hogares podáis leerlos y conozcáis a esos servidores del Bien y España que conforman la Policía Nacional y la Guardia Civil.
Gracias por adorar al Niño que nos ha nacido en Belén.
Desearos a todos sin excepción un magnífico 2026 y que SS.MM. los Reyes Magos y Sabios de Oriente os traigan lo mejor.
Jesús Rodríguez Arias


