Antes que nada, dar las gracias a mis queridos y buenos amigos Stilita Mosteiro y Lolo Patino por ofrecerme la oportunidad de estar con vosotros de forma distinta a estos últimos años. Gracias por el privilegio de poder hacer lo que mejor se me da como es escribir pues ahora no puedo ofrecer la mejor cara dadas las circunstancias familiares que estamos viviendo desde finales de octubre del pasado año cuando Hetepheres fue agredida sexualmente por el antiguo municipal del pueblo donde vivimos como todo el mundo ya conoce. Desde aquí, permitidme, dar las gracias a todas las personas que han mostrado su cariño y apoyo desde cualquier punto de España. Gracias a los medios de comunicación que se hicieron eco de la noticia publicada por “El Español” y que llevaba la firma la prestigiosa periodista y buena amiga como es Laura Garófano. Gracias muy especialmente a Sal Televisión por estar a nuestra vera y por su delicadeza en tan sensibles momentos.
Dicho esto, y siguiendo la promesa que hice a esta casa de intentar tratar aspectos positivos, paso a expresar lo que quiero decir en el artículo que hoy se publica y que se presenta bajo el epígrafe de “En casa”.
Cuando cerramos los ojos y pensamos en nuestra casa nos envuelve sentimientos de confort pues todos anhelamos llegar a ella, sobre todo en días de mucho ajetreo, cerrar la puerta, ponernos las zapatillas mientras el mundo se para a nuestro alrededor porque empieza el nuestro.
Mi madre María del Carmen, que era una señora de la época que le tocó vivir, siempre nos educó en estar presentables ya estuviéramos en casa o en la calle. Lo más que admitía es la transición del zapato a la zapatilla que era como decir que nos encontrábamos en la intimidad del hogar. Solamente nos cambiábamos de ropa por la noche para ponernos el pijama con la bata si era invierno. Algún cursi que otro diría piyama o traje de noche.
Es verdad que cuando pensamos en nuestra casa muchas veces no nos acordamos de quienes no la tienen ya sea porque carecen de techo propio o porque viven solos y en soledad. ¿A cuántas personas haríamos felices con tan solo enviar un mensaje o llamándolas para interesarnos por ellas? Vivimos en una sociedad verdaderamente deshumanizada donde lo virtual está ganando la batalla a lo real. Quiero pensar que los de nuestra generación estamos intentando al menos mantener los lazos personales pero los más jóvenes hay que reconocer que viven y se manejan mejor en las calles virtuales de la red que en las físicas de su pueblo o ciudad.
Siempre me ha gustado el concepto de sentirme en casa, en nuestro respectivo hogar, en ese lugar donde eres tú sin interferencias añadidas, donde puedes pensar y expresarte libremente porque vives en y desde la libertad, así como el respeto.
En casa es como me encuentro en Sal Televisión, donde estoy con queridos y verdaderos amigos que forman parte de mi propia familia como son Stilita Mosteiro y Lolo Patino. Por eso y mucho más valoro como un verdadero privilegio el poder escribir una columna de opinión a mí manera en este imprescindible medio.
Jesús Rodríguez Arias


