Ya se ha puesto en marcha el Plan Municipal de Vigilancia y Control de Vectores 2025 para prevenir y hacer frente a los riesgos sanitarios asociados a la proliferación de mosquitos, especialmente aquellos que pueden actuar como vectores del Virus del Nilo Occidental (VNO).
Este plan, que ya ha sido tramitado y tiene aprobación de la Junta de Andalucía, surge como respuesta a los brotes registrados en la comunidad andaluza en los últimos años, especialmente el ocurrido en 2020, que motivó la declaración de zonas especiales de actuación por parte de la Junta. San Fernando ha sido clasificado por la Junta como municipio de riesgo medio frente al VNO en el Programa de Vigilancia y Vectores 2025.
Así, aunque el riesgo es medio y en San Fernando no se han detectado casos de transmisión del Virus del Nilo Occidental, el Ayuntamiento ha decidido reforzar sus medidas de prevención, en línea con el compromiso del equipo de gobierno con la salud pública y la calidad de vida de la ciudadanía.
El plan ha sido diseñado y ejecutado íntegramente desde las delegaciones de Salud y Medio Ambiente del Ayuntamiento con recursos propios, a través de sus servicios técnicos, y con el poyo especializado de Lokímica, S.A., la empresa experta en este campo contratada por el Ayuntamiento para todas las tareas de control de plagas. «Se trata de un documento elaborado con rigor científico, criterio preventivo y un enfoque transversal partiendo de la premisa de que la anticipación es la mejor defensa ante los riesgos sanitarios emergentes, apostando, además, por una gestión proactiva, rigurosa y colaborativa», aseguran desde el consistorio.
El documento técnico incluye un diagnóstico detallado, muestreos continuos, georreferenciación de focos potenciales de cría y refugio de mosquitos y actuaciones específicas, como tratamientos larvicidas y adulticidas. El plan identifica zonas clave como imbornales, solares, fincas privadas, la EDAR, el punto limpio, acequias, arroyos, parques, polígonos industriales y depresiones inundables, muchos de ellos ya catalogados como focos de riesgo y sujetos a inspecciones periódicas.
Una de las fortalezas de esta estrategia radica en la coordinación entre las concejalías de Medio Ambiente y Salud, que han trabajado de la mano con técnicos municipales y la empresa especializada para la ejecución de tratamientos y el seguimiento científico del plan.
Para asegurar una respuesta conjunta y eficaz, además del personal municipal y la empresa especializada en control de plagas, entre otros actores involucrados se incluyen responsables de la EDAR y estaciones de bombeo, la directora y conservadora del Parque Natural Bahía de Cádiz, así como personal de las empresas responsables de limpieza, espacios verdes y del ciclo integral del agua.
Plan con base científica, capacidad operativa y visión preventiva
Como se ha indicado, el plan contempla una cartografía completa de focos potenciales de cría y refugio de mosquitos. La principal novedad del plan reside en su profundidad técnica, con un diagnóstico exhaustivo, con georreferenciación de focos, monitoreo mediante trampas específicas y un sistema de seguimiento de larvas y adultos. Esto permite conocer en tiempo real la evolución del riesgo y aplicar tratamientos larvicidas o adulticidas de forma específica y eficiente.
Uno de los avances más destacados ha sido la mejora del sistema de gestión y tratamiento de imbornales, que constituyen uno de los principales focos de cría del mosquito común. “La mejora de los imbornales es uno de los puntos que más seguridad nos da, al tiempo que nos permite controlar con mayor precisión y eficacia los focos urbanos”.
Además, el plan contempla un calendario anual de actuaciones tanto en zonas urbanas como rurales y periurbanas, que incluye desde la inspección y limpieza de desagües o la eliminación de agua estancadas hasta campañas informativas y de concienciación ciudadana para fomentar la prevención en viviendas privadas y comunidades.
Como establece el documento, el Ayuntamiento continuará monitorizando la situación durante todo el año, especialmente en los meses de mayor riesgo -primavera y verano-, todo ello con el objetivo de reducir los focos de cría del mosquito común (Culex pipiens) y del mosquito tigre (Aedes albopictus), principales especies de riesgo en el entorno.
Asimismo, contempla un protocolo específico de actuación intensiva en caso de detectarse algún caso positivo de Virus del Nilo Occidental en animales o personas, estableciendo un procedimiento de intervención en un radio de 1,5 kilómetros para activar tratamientos y medidas extraordinarias en el entorno.



