Este pasado jueves 19 de marzo se ha celebrado el Día de la Provincia de Cádiz y en este año 2026 una de las máximas distinciones como en la Medalla de la Provincia ha sido entregada a la Real y Benemérita Institución de los Caballeros Hospitalarios Españoles de San Juan Bautista en reconocimiento de su labor social.
Caballeros Hospitalarios, que así es como es conocida, está inmersa en su 150 Aniversario, es una Real, Ilustre y Benemérita Institución que tiene como única misión la de la Caridad.
Es verdaderamente impresionante la labor que realiza con los más desfavorecidos de la sociedad, los parias de un mundo que solo mira a su propio ombligo, los que nadie quiere ver, los que molestan solo con su presencia pues rompen esa falsa armonía que nos han dibujado como lo que es el “mundo perfecto”. Una sociedad donde el concepto de sufrimiento quieren erradicarlo no mostrando lo que es la realidad, que hay seres humanos que han perdido todo, que no tienen de nada, que sobreviven como pueden. Menos mal que hay personas, instituciones, al que les late el corazón y ponen todo de su parte para que estas, que tienen su dignidad, encuentren techo, una cama, un plato encima de la mesa, una ducha de agua bien caliente, y unos servicios médicos que atiendan sus necesidades.
En estos 150 años ha habido renombrados presidentes y miembros del Consejo Supremo, que es la autoridad superior de la Institución siendo su mayor órgano de gobierno tanto los capítulos como las asambleas.
La antigua Casa de Socorro de Caballeros Hospitalarios, sita en Benjumeda, número 11 de Cádiz no solo es la sede institucional sino un albergue que ofrece techo, cama, comida, cuidados, desayuno, a los albergados.
Bajo el mandato del actual presidente del Consejo Supremo, Excmo. Sr. Don José María Gómez se ha abierto un albergue de mujeres en la planta alta del edificio, con entrada independiente a los demás albergados, de cuatro plazas con su cuarto de baño totalmente equipado y cocina.
La Sede de Caballeros Hospitalarios también consta de una clínica dental solidaria que está destinada para todas aquellas personas que por sus propios medios económicos no pueden costearse una consulta y mucho menos un tratamiento bucodental.
Participan en esta iniciativa la Fundación de Odontología Social Luis Seiquert, que inicia así actividad en Cádiz como ya la tiene en la actualidad en Sevilla, Madrid, Huelva, Jerez o Melilla; y el Colegio de Dentistas de Cádiz, que se ha sumado también a esta noble propuesta social.
El presidente del Consejo Supremo, José María Gómez destaca a Diario de Cádiz en un reportaje firmado por Pablo Manuel Durio el 10 de junio de 2025, cómo los Caballeros Hospitalarios han sabido ir adaptándose a los tiempos para mantener el fin último de atender, especialmente en el plano sanitario, a los que no tienen recursos. Como ocurría en la Casa de Socorro que aún se lee en la puerta de entrada hasta que la Seguridad Social se hizo cargo de la inmensa mayoría de atenciones sanitarias; como vienen haciendo desde 1992 con el albergue, que en 2024 incorporó a mujeres. Todo ello con sucesivas reformas e intervenciones en el edificio.
A esto hay que unir que en la sede de esta Real y Benemérita Institución existe también un ropero para los albergados, dan alimentos a los más necesitados, así como todo lo que tiene que ver con lo que es la Caridad.
Y además en este emblemático edificio gaditano está el Museo de la Casa de Socorro, un guiño a los orígenes de la Institución.
Esta forma de practicar lo que es la caridad cristiana también se realiza entre las Damas y Caballeros Hospitalarios en todo cuanto puedan necesitar. Recuerdo que cuando fui intervenido del aparato digestivo en 2014 en Madrid solamente estábamos Hetepheres y yo. En los diez días que duró el ingreso recibimos visitas de varios caballeros hospitalarios, hermanos de hábito, con el fin de acompañarnos y ofrecerse para cualquier gestión que pudiéramos necesitar.
Siempre he dicho que pertenecer a esta Benemérita Institución es como un caramelo con un bonito envoltorio, dado la particularidad de los mantos hábitos venera, medallas, que son inherentes en la solemne celebración de los capítulos, así como el chaqué o mantilla cuando se nos invita a procesiones como la del Santo Entierro de Cádiz o Corpus Christi. Eso es en lo que todo el mundo se fija, en la vestimenta, pero después está la otra cara, el caramelo en sí que cuando se quita el envoltorio no tiene un sabor dulce sino el que visualiza la realidad de la vida, de la pobreza, de las personas que por mil razones se han visto en la calle sin más riqueza que las cosas que llevan en sus mochilas. Hay algunos/as que deciden libremente no tener un techo sobre su cabeza, son los que vemos en los portales de bancos, soportales de viviendas, en las plazas… A esos también se les atiende.
A lo mejor hay quién quiere entrar a formar parte de Caballeros Hospitalarios porque eso de por sí da prestigio, pero esta idea se volatiza en cuanto ve con los propios ojos lo que en verdad significa.
San Pablo dejó escrito: “Llevad unos la carga de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo”.
En mi casa, siempre, se ha tenido en alta consideración a esta benemérita institución hospitalaria. He crecido con esa honda admiración que me transmitió mi madre hacia unas personas que practicaban la desnuda caridad con los más desfavorecidos, que atendían a todos los que lo pudieran necesitar.
Personalmente, al ser bastante crítico conmigo mismo, nunca he visto que tenía méritos para alguna vez pertenecer a esta. Una vez hablando con Hetepheres, mi mujer, le confesé que “algún día, cuando sea mayor, me gustaría ingresar en la misma”. Ella ni corta ni perezosa hizo una gestión y el día de Reyes tenía como regalo un sobre grande de papel. En él los documentos que debería rellenar para que el Consejo Supremo lo estudiara para ver si tenía las condiciones necesarias. A los tres meses, recibí carta membretada firmada por Rafael Melgar, por entonces secretario, en el que me indicaban que después de estudiarlo habían resuelto que fuera uno de los recipiendarios del Capítulo en honor de San Juan Bautista, que tendría lugar el 18 de junio de 2011 así como que mi padrino era el Excmo. Sr. Don Francisco José Súnico Varela, que delegaría en algún miembro del consejo supremo, toda vez que por aquél entonces ostentaba el cargo de presidente.
Recuerdo con honda emoción ese día, sentí como era acogido como lo que era, un hermano de hábito, un caballero hospitalario que asumía llevar de por vida las obligaciones que nos son inherentes, así como atesorar los derechos que nos corresponden a cada cual.
En estos quince años he conocido tres presidentes: Francisco José Súnico Varela, Manuel Navarro y José María Gómez López.
Francisco José Súnico Varela realizó una notable gestión en los años que fue presidente, convirtiéndose en un verdadero estandarte de nuestra Benemérita Institución. Es tal la gratitud que se le profesa que ostenta la presidencia de honor.
Manuel Navarro, tuvo que asumir la tramitación reglamentaria interna que hoy en día rige a todas las Damas y Caballeros Hospitalarios, así como también realizar una notable gestión tanto en el albergue, ropero, entrega de alimentos, asistencia médica a los albergados como a los sintecho que lo necesitaran. Tuve el inmenso honor de formar parte de su candidatura como vicepresidente del Consejo Supremo, último cargo que he ejercido y con el cual me corté la coleta.
Debo reconocer, después de pasados los años, porque cuando se vive el día a día de una institución no valoras en verdad a quienes tienes a tu lado, que para mí ha sido un privilegio formar parte del Consejo Supremo bajo la presidencia de mi querido hermano en la Caridad, Manolo Navarro que se entregó en cuerpo y alma a los más necesitados.
José María Gómez López, presidente de Caballeros Hospitalarios desde noviembre de 2019 y que está realizando una extraordinaria labor pues en sus mandatos se han conseguido logros como el albergue para mujeres, clínica dental solidaria, una necesaria rehabilitación en la sede de la Institución, amén de una más que necesaria visualización de cuanto se hace para mejora de la vida de los más necesitados. Con mi querido hermano hospitalario, José María Gómez se ha conseguido un gran número de ingresos de nuevas Damas y Caballeros Hospitalarios con todo lo que esto conlleva.
Formar parte de la Real y Benemérita Institución de Caballeros Hospitalarios Españoles de San Juan Bautista es un honor, un auténtico privilegio, del cual que me siento muy orgulloso. Mi deseo, que ya sabe Hetepheres, mi mujer, es que cuando cierre los ojos a este mundo sea enterrado con el manto hábito a modo de sudario. Me tendrán que hacer un féretro a medida porque soy muy corpulento, pero eso es problema de la compañía que estoy pagando desde que nací.
El saber que la limosna que das sirve para tanto, entregar tu tiempo por aquellos a los que nadie ve o quiere ver, porque son molestos para la vista ya que significan que la sociedad del bienestar no funciona como debiera, es una de las cosas más nobles que se puede hacer en la vida y también porque de esta manera seguimos los dictados de Jesús cuando declamó en el Monte Tabor: “Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia.”
Dar las gracias a la presidenta de la Diputación de Cádiz, Excma. Sra. Doña Almudena Martínez del Junco, su equipo de gobierno y corporación provincial en Pleno por aprobar la concesión de la Medalla de la Provincia a Caballeros Hospitalarios, que ha sido entregada en solemne acto el pasado jueves 19 de marzo.
Gracias al Presidente y Consejo Supremo de nuestra Real y Benemérita Institución, así como los colaboradores por su trabajo y entrega diaria.
Gracias a todas las Damas y Caballeros Hospitalarios que desde hace 150 años han colaborado en las medidas de sus posibilidades para dignificar la vida de los más necesitados, de los enfermos, de que se encuentran solos, los que viven despreciados y sufren injusticias.
Gracias a la Santa Madre Iglesia que nos acoge como hijos para ejercer un carisma tan único como es el ejercicio de la Caridad que nos enseñó Cristo para con el prójimo.
Y por supuesto, gracias a Dios, Bendito y Misericoridioso, por levantarnos cada día, por hacer que trabajemos sin esperar alabanzas ni gratitud por aquellos que son tan pobres que no tienen ni derecho a poder ser escuchados en una sociedad tan materialista, deshumanizada y con tanto ruido exterior.
Que la Inmaculada Concepción y San Juan Bautista, Patronos de CC.HH., nos guíen y ayuden por siempre.
Jesús Rodríguez Arias


