Cuando el jueves 28 de mayo nos despertamos con la muerte del policía Fernando Melero Martínez, la noticia hizo que todos sus compañeros, especialmente en San Fernando, comisaría que fue su último destino laboral, sintieran una verdadera deflagración de sentimientos encontrados de tristeza e inmenso dolor.
Mi querido y buen amigo David Pérez Palacios “Blue” publicó al día siguiente uno de sus mensajes que tocaba el alma.
“D.E.P. COMPAÑERO
Hay personas que dejan huella sin hacer ruido y tú eras una de ella.
Compañero, amigo, buena persona y alguien increíble con quien la vida nos regaló coincidir a tu paso por los destinos que estuviste.
Hoy nos dejas un vacío a todos difícil de explicar, inesperado, de esos que se sienten en el alma y en cada recuerdo que vivimos.
Nos quedamos con tus risas, tu compañerismo, profesionalidad, tus consejos y todos esos momentos vividos que jamás olvidaremos.
Porque mientras alguien te recuerde… nunca te irás del todo.
Sigue tocando tu guitarra allá donde estés y sigue protegiendo a los tuyos como siempre hiciste aquí.
Seguro que estás en un buen lugar.
Te echaremos muchísimo de menos.
Siempre Blues”.
Todo ser querido que fallece produce pesar y un inmenso vacío pero cuando lo hace un policía, también guardia civil o miembro de las Fuerzas Armadas, se produce una onda expansiva de tristeza y lógica impotencia por la marcha de esa persona con la que has desarrollado la labor profesional, compartido servicios, vivencias, momentos buenos y también malos por eso pienso que en el caso particular de Fernando ese es el sentimiento de todos sus compañeros, de la Comisaría de San Fernando, El Puerto de Santa María, así como la propia Jefatura Provincial.
Estaba casado y era padre de tres criaturas. Fue un extraordinario compañero que siempre estaba muy pendiente a su familia y compañeros.
Estuvo de prácticas en San Fernando donde coincidió con mi buen amigo David “Blue”, luego fue adscrito en la Comisaría en El Puerto de Santa María en la Unidad de Prevención y Reacción. Su último destino durante varios años ha sido la Comisaría de San Fernando en el Grupo Operativo de Respuesta.
“Increíble compañero y persona. Siempre dispuesto al trabajo”. Así lo describen policías que prestaron servicio con él.
Por supuesto también le pregunté a David y me contestó con el gran corazón azul que atesora:
“Yo coincidí con él primero en sus prácticas, donde muchos, entre ellos yo, ya estábamos jurados. Después en su regreso a San Fernando, al GOR, en muchos dispositivos que montaba con ellos. Era un tío siempre alegre, predispuesto, familiar al que le encantaba tocar la guitarra”.
A la pregunta de cómo se sentían sus compañeros ante el fallecimiento de Fernando, la contestación en general ha sido la siguiente:
“Pues algo muy inesperado y doloroso, un vacío y recuerdo para siempre”.
Desde el jueves 28 de mayo que fuimos conocedores de esta luctuosa noticia por publicaciones realizadas por sitios webs en torno a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, así como del sindicado SUP de San Fernando, el luto ha vuelto a envolver a todos los que se enfundan cada día el azul uniforme, así como los que tenemos el corazón de ese color, que queremos a la Policía Nacional y cuantos la conforman porque formáis parte de nuestra propia Familia.
Y es que un policía no deja de ser policía ni cuando se jubila, ni cuando traspasa el umbral de la muerte.
Descansa en Paz, Fernando.
Mi pesar a su mujer, hijos, familiares, amigos, así como a toda la gran Familia que en sí conforma la Policía Nacional.
Sirva este obituario como homenaje a su eterna memoria.
Jesús Rodríguez Arias


