Este artículo va de luchadores, de los que por mucho que se caigan, se vuelven a levantar, de los que se enfrentan mil veces a esos molinos de viento que, en demasiadas ocasiones, se convierten en pesadas cargas que no dejan avanzar.
Pablo y Mariana son en sí una historia de Amor con mayúsculas, pero también de superación, de enfrentarse a las adversidades, de fuerza, paz, paciencia, trabajo sin descanso, valentía, Fe, Caridad y Esperanza.
Pablo, no sería Pablo sin la extraordinaria mujer que Dios puso en su camino, y Mariana tampoco sería como es hoy en día sin tener ese apasionado ser a su lado. Porque él siente pasión por su Cádiz, la Trimilenaria Tacita de Plata, por el Nazareno del Amor, su Madre de la Esperanza y el Santísimo Sacramento del Altar, por el equipo de su alma que juega en el estadio “Nuevo Mirandilla” que por siempre será el Carranza. Él es un gaditano orgulloso de serlo y eso es bueno porque todos deberíamos sentirnos así del lugar que somos originarios.
Mariana es esa clase de mujer entusiasta que ha estado al lado del hombre de su vida a las duras y las maduras. Le ha servido de pilar y apoyo cuando han venido malhadadas. Juntos han permanecido firmes y seguros en el puente de mando del barco de la Fe y el Amor mientras surcaban la mar tempestuosa porque saben que con Dios en el timón siempre llegarán a buen puerto.
Pablo Domínguez-Mompell Román y Mariana Carrasco contrajeron Sagrado Matrimonio en la Iglesia de San Antonio de Cádiz acompañados de sus seres queridos y de buenos amigos que le testimoniaron el cariño que han recibido de esta pareja, que literalmente se desviven por todos, el sábado cuatro de octubre cumpliendo un sueño perseguido y felizmente logrado a base de sacrificios y de una irreductible Fe en Jesús que es el Amigo que nunca falla.
Nosotros estábamos invitados y por imponderables de la vida no pudimos estar ese día tan especial junto a ellos, aunque de alguna forma siempre hemos estado antes y lo seguiremos estando pues Pablo y Mariana forman parte de nuestro camino existencial por derecho propio.
Han hecho un precioso viaje de luna de miel tras recibir en ansiado Sacramento del Matrimonio. Han estado en Roma y con ellos, gracias a las fotografías que iban compartiendo, también todos hemos podido estar. Esta ciudad eterna, tan llena de historia, es una de las metrópolis más importantes del mundo ocupando el primer lugar en visitas turísticas.
También giraron visita al Vaticano. Sé que para ellos estar en el centro neurálgico de la Fe católica de todo el orbe mundial ha sido una bendición y un regalo del cielo. Tanto Mariana como Pablo son católicos coherentes con sus creencias y eso se nota en el día a día.
Gracias por permitirme vivir con vosotros ese viaje tan especial a Roma, mi asignatura pendiente que algún día si Dios así lo quiere podré también gozar, gracias por vuestra invitación, nos fue imposible, el hombre propone, pero solo Dios dispone…
Gracias por ser como sois, tan auténticos, entregados, vibrantes, apasionados en cuanto hacéis y decís. Gracias por defender la Fe que nos une como hermanos en unos tiempos en los que estamos señalados por un mundo demasiado perdido porque solo se mira al ombligo mientras se olvida de los demás.
Gracias por cuidar a los abuelitos como lo hacéis. Ellos son los seres más indefensos y necesitados de todos, los que antes vivieron y trabajaron para que nosotros hayamos crecido con unos valores que son un verdadero tesoro.
Hace unos días le decía a Stilita Mosteiro, comunicadora de cadenciosa voz y que representa la dulzura de Sal Televisión, que últimamente se me daba mejor escribir a hablar. Porque decir algo a viva voz, más con la frágil memoria que tengo, puede ser que me olvide de mucho de lo que quiero expresar además las palabras se las lleva el viento y lo escrito, escrito queda. Quería haceros mi particular regalo por vuestra boda en modo de artículo, necesitaba escribir lo que siento por vosotros y hacerlo públicamente.
Habéis comenzado la nueva singladura en un barco robusto con las velas al viento que es vuestro matrimonio. Estáis, sin lugar a duda, en la mejor etapa de vuestras vidas. Disfrutadla como sabéis y siempre dejando vuestras imperecederas huellas en todos los que os conocemos y por tanto queremos.
Y es que el navío en el que están enrolados, nuestros queridos Pablo y Mariana, llevará por siempre el nombre de Esperanza.
Jesús Rodríguez Arias



