Hoy domingo cuatro de octubre quiero rendir mi especial homenaje a la Policía Nacional y a la Policía Local en la celebración de sus santos patrones, los Santos Ángeles Custodios.
Esta efeméride se ha celebrado el pasado día dos, pero dicen que todos los santos tienen su novena y más tratándose de ángeles.
En el día del Santo Ángel, los policías sienten orgullo de serlo. Se les ve en las caras, en la alegría que desprenden tanto en el acto central organizado por la Comisaría Provincial como en las distintas comisarías. El comisario presenta su informe, dando cuenta de las intervenciones realizadas, medios de los cuales disponen, su labor diaria siempre al servicio de la ley, el ordenamiento jurídico y la ciudadanía. El recuerdo a los que marcharon y la gratitud hacia los que están.
Ese orgullo de ser policías, que sienten todos los miembros del Cuerpo de la Policía Nacional cuando llega cada primero de octubre, es el que se vivía en mi casa.
Es verdad que tengo muy pocos recuerdos de mi padre, pero ese quedó marcado a fuego en la memoria. En mi hogar familiar, cada dos de octubre era un día grandioso. Era el día de los Santos Ángeles Custodios, de la Policía y de cuantos la conformaban. Mi padre estaba entre ellos.
Mientras él tenía ese día copado de actos y marchaba pronto, mi madre era la animadora oficial para que él mismo no pasara de largo, como si fuera otro cualquiera.
Si era laborable, nos íbamos pronto al colegio e instituto, según la edad que tuviera cada uno de mis hermanos, y al llegar a casa había una comida especial, que algunas veces contábamos con la presencia paterna y otras no, pues estaba en el almuerzo oficial.
Mi madre nos reunía a todos en el cuarto rosa, lugar donde teníamos la vetusta televisión en blanco y negro, que duró hasta bien entrados los ochenta, y que llamábamos así porque estaba encalado en ese color.
Recuerdo que la televisión estaba en un mueble y debajo de este había unos compartimentos, misteriosos a mis infantiles ojos, pues estaba cerrado con llave cuya depositaria era mi madre.
Ese día, comida especial, sin lujos ni estridencias, mientras nuestra madre nos hacía ver lo orgullosos que debíamos estar de nuestro padre y de la función que realiza por el bien de todos.
Nuestros padres nos inculcaron el amor que profesamos a la Policía, así como el alto honor que es ser hijo del Cuerpo, es decir, parte de la gran Familia que la compone.
Por eso, cuando llegan estas fechas, mi corazón, que es de color azul, late de otra manera; lo noto henchido del sano orgullo y gratitud hacia cuantos conforman la Policía Nacional.
Es muy difícil explicaros tantos sentimientos en pocas palabras; hay que formar parte, de la manera que sea, del Cuerpo para poder entenderlo.
En la Festividad de los Santos Ángeles Custodios se celebra el día glorioso de la Policía Nacional. De los policías que marcharon, los que se han jubilado y los que hoy en día siguen prestando servicio en las distintas unidades y departamentos.
Es la jornada donde desde el DAO hasta el policía destinado en la última comisaría de España comparte Santo Patrón y cada uno se siente orgulloso de portar todos los días la placa-emblema y revestirse con el azul uniforme.
También los que marcharon de la mano de los Santos Ángeles Custodios y ya están en la eternidad. Mi particular recuerdo a Paquito Rivero, Carmen Nieves Morales Tellez, Fernando Melero, Paco Álvarez, Carlos Martí Gisbert y todos los que han fallecido.
También mi particular felicitación y gratitud a los comisarios retirados y queridos amigos: Comisario Luis Rodríguez Rodríguez y Comisario Principal Santos Bernal Uceda.
Así como al Comisario Principal Antonio Martínez Duarte, Comisario Principal Francisco Javier Vidal y Delgado-Roig, Comisario de Jerez de la Frontera, Francisco José García Carrasco, el Inspector Jefe, Ramón Marín Ravina, Inspector Juan Carlos Rodríguez García, subinspector, Jesús López Ponce, así como Manuel Cortés, Melania C. García, Oficiales, Pablo Ruano Moreno, David Pérez Palacios, Andrés Bragado, Antonio José Pérez Rodríguez, Diego Barragán, que son extraordinarios Policías y admirados amigos.
Hago extensivo mi particular homenaje y gratitud a todos los hombres y mujeres que conforman la Policía Nacional. Vosotros sois los que dais sentido a este bendito Cuerpo que tiene más de doscientos dos años de antigüedad.
Día también de la Asociación de Distinciones de Mérito “Santos Ángeles Custodios”, a la cual me honro en pertenecer hace ya muchos años. Mi reconocimiento a Diego Guillamón, presidente ejecutivo; Tomás Pagés Madrigal, delegado en Andalucía y querido amigo; Luis Miguel Forja, Fernando Forja, así como a cuantos componen esta institución que tiene como objetivo principal defender siempre a la Policía Nacional.
Y el dos de octubre también celebra su Santo Patrón la Policía Local, a la cual le tengo mucho cariño, ya que atesoro muy buenos y queridos amigos dentro de ella, especialmente en la de San Fernando (Cádiz). Rafael Ruiz Canto, un referente moral, Roberto Robledo, así como todos los que están en servicio activo, como los que gozan de una merecida jubilación, como Antonio y Juan José Maruri.
A todos vosotros, aunque haya pasado un par de días, quiero transmitiros el sano orgullo que debéis sentir por formar parte de la Gran Familia de la Policía. También a las mujeres, maridos, parejas, cónyuges, hijos y demás familiares, tanto del Cuerpo de la Policía Nacional como de la Policía Local, porque sois el verdadero pilar donde se sostienen las mujeres y hombres que cada día se revisten con el azul uniforme.
Que los Santos Ángeles Custodios nos sostengan y cuiden.









