Llevaba cincuenta y cinco años sin hacer un solo puzle pues siempre me han parecido un soberano aburrimiento, aunque claro pensaba sin saber ya que tampoco lo había intentado. Suele pasar que mucho de lo que no nos gusta es porque no lo hemos probado o incluso no teníamos interés en conocerlo. Es lo que se llama como hablar e incluso juzgar sin conocer.
Esto cambió gracia a un regalo que le trajeron a Hetepheres los Reyes Magos. Ella es una gran aficionada a los puzles y claro este año tanto Melchor, Gaspar como Baltasar lo tuvieron muy claro. Es muy bonito pues es un gatito gris sobre fondo negro. Tiene algún parecido a Pelayo, nuestro gatito cántabro al que algún día le dedicaré un artículo pues es todo un personaje.
Cuando llegamos de nuestra estancia en Cantabria a nuestro lugar de residencia, Hetepheres se dispuso para hacer tan bonito puzle. Al día siguiente me uní yo, para ver como lo hacía ya que como os he dicho antes este tipo de juegos me han parecido algo aburridos. Al final comencé con intentar ir encajando piezas para hacer el filo y fue totalmente imposible tanto para ella como para mí pues tanto negro nos llegó incluso a marear.
Cuando bajamos a Jerez, ya que vivimos en el pueblo más alto de la provincia de Cádiz, adquirimos uno muy bonito del Partenón. Al día siguiente nos dispusimos a comenzar con la tarea, ella con bastante experiencia y yo ciertamente neófito. La verdad es que las horas se iban pasando casi sin darnos cuenta entre fichas, risas, conversación, sueños compartidos de un futuro que si Dios lo quiere se hará presente.
En estos días pasados hemos comenzado nuestro octavo puzle en común y os tengo que reconocer que el hacerlo y más en la compañía de Hetepheres es una verdadera gozada pues el tiempo pasa sin importarnos ni la hora que es, charlando, riéndonos, encajando piezas, conformando el retrato, ya sea paisaje, edificación o monumento, que nos muestra el dibujo de la caja.
He de reconocer que los puzles son divertidos, te hacen pensar, fijarte, memorizar y si además lo haces con alguien que quieres pues a todo eso le unes el compartir muchos momentos llenos de complicidad. He tardado cincuenta y cinco años en darme cuenta del error de creer que eran aburridos solo porque nunca había tenido la intención de hacer alguno.
Si lo extrapolamos a nuestro particular día a día se puede decir que la vida en sí es un puzle donde se van encajando las piezas, con errores que son las fichas mal puestas, con sufrimientos al ver que algo está fallando en el tablero, con alegría al comprobar que está felizmente terminado. Que no ha importado tanto el tiempo que hayamos tardado en hacerlo, en recorrer nuestro trayecto vital, sino el saber que al final todas las piezas han encajado y aparezca lo que hayamos dibujado a cada instante como la imagen de lo que ha sido nuestro itinerario existencial.
Lo malo no es que nos equivoquemos de fichas, que alguna vez las pongamos en lugares que no correspondan, sino que cuando todo termina falte una que deja todo incompleto. Que podríamos decir que se refiere a eso que dejamos de hacer cuando teníamos que hacerlo por el bien común y por el nuestro.
Jesús Rodríguez Arias


