La tranquilidad habitual de Ceuta ha sido reemplazada por un clima de inseguridad permanente. Los vecinos de la ciudad autónoma afirman vivir en un estado de alarma continuo ante la magnitud de la crisis migratoria actual, asegurando que la situación se ha vuelto inasumible y sin un horizonte claro de resolución.
El temor vecinal se ha trasladado al día a día más cotidiano. Muchos residentes señalan que realizar acciones tan básicas como salir a hacer la compra se ha convertido en una actividad de riesgo. “Mis hijos son los que salen a comprar porque no se atreven a que mi marido o yo vayamos. Y a nosotros nos da miedo que vayan ellos por si les ocurre algo, pero comer hay que comer. Nos ha cogido con la nevera vacía”, apostilla Francisca.
Entre las principales preocupaciones expresadas por la población destaca el aumento vertiginoso en la sensación de inseguridad y robos violentos. Como apuntan los vecinos, “ se ven algunos grupos de personas que circulan portando armas blancas y palos por distintas zonas de la ciudad”. En barriadas como El Príncipe se ha llegado a alertar sobre presuntos disparos y detonaciones, elevando al máximo la alarma social.

La indignación ciudadana no solo se dirige a la inseguridad en las calles, sino también hacia la gestión política. Diversos sectores de la población apuntan directamente al Gobierno central liderado por Pedro Sánchez, al que acusan de no estar contando la verdad sobre el alcance real del problema.
Un número que circula con fuerza entre la opinión pública local habla de más de 90.000 entradas irregulares, una cifra que contrasta drásticamente con los discursos oficiales y a la vez escasos, intensificando así la sensación de desprotección y desinformación entre la ciudadanía.
Mientras la presión social aumenta y la convivencia se deteriora, los habitantes de Ceuta exigen medidas contundentes, transparencia institucional y un despliegue de seguridad que devuelva el orden a sus barrios antes de que la crisis alcance un punto de no retorno.








