Cumplidas 120 horas del inicio del episodio de tensión fronteriza sin precedentes que provocó la entrada de más de 60.000 personas en apenas dos jornadas, Ceuta vive un complejo escenario marcado por la contención en la valla, el goteo de salidas de vuelta a Marruecos y un fuerte malestar ciudadano.
Sin embargo, el foco del debate social y político en la ciudad y a nivel nacional se ha trasladado a la gestión informativa del gobierno de Pedro Sánchez, al que la oposición y diversos sectores locales acusan de aplicar un «apagón de datos» y dar respuestas inconclusas ante una emergencia humanitaria y de seguridad de primer orden.
Los datos ofrecidos por los servicios de auxilio y rescates son demoledores. Las cifras oficiales y de Cruz Roja confirman que más de 90 personas han perdido la vida en las aguas del Mediterráneo intentando bordear los espigones a nado. Los equipos del GEAS de la Guardia Civil prosiguen con los trabajos en el mar en búsqueda de posibles desaparecidos, mientras la sanidad local denuncia el colapso absoluto vivido durante las primeras 72 horas del conflicto.
A pesar del impacto social, la comunicación por parte de los Ministerios de Interior y Exteriores ha sido calificada como «escasa y esquiva» por los partidos de la oposición y parte de los colectivos locales. Desde las comparecencias iniciales del Consejo de Ministros, las explicaciones sobre la diplomacia con Rabat se han reducido a breves declaraciones genéricas donde se insiste en que «la práctica totalidad de quienes entraron han vuelto a Marruecos», sin detallar los protocolos exactos empleados en los retornos ni transparentar el estado real del entendimiento bilateral con el país vecino.
Para frenar nuevos avances en la costa ceutí, la administración ha procedido a desplegar efectivos de las Fuerzas Armadas y a instalar barreras flotantes de contención en el entorno de El Tarajal. Pese a que el paso de vehículos y la aduana comercial con Marruecos han recuperado cierta fluidez, la agitación política está lejos de remitir.
La oposición acusa al Gobierno de «ocultar la gravedad del problema» al no clarificar las causas que desencadenaron la pasividad de los controles marroquíes ni precisar los protocolos de filtrado y devolución de menores y vulnerables. Es más a la fecha, hay un baile en el número de personas que llegaron de manera irregular. Unos apuntan a 50.000 y los vecinos a que podría haberse situado cercano a los 90.000 personas.
Desde filas del Partido Popular se insiste en activar los mecanismos de la Ley de Seguridad Nacional, reprochando que no se aporten datos continuados sobre el número exacto de personas acogidas en centros provisionales ni de las actuaciones en la morgue improvisada.
El silencio de Exteriores contrasta con la alerta generada en la Unión Europea, donde varios ministros de Interior del bloque comunitario han convocado reuniones de urgencia para analizar la solidez del área Schengen tras el agujero fronterizo.
En el ambiente ceutí se respira un cansancio patente. La suspensión temporal de festejos locales y la inactividad comercial vivida durante las jornadas críticas han dejado mella en la economía y en el ánimo vecinal. Centenares de ceutíes han protagonizado concentraciones ante la sede de la Delegación del Gobierno para exigir garantías de seguridad, explicaciones rotundas respecto a la soberanía fronteriza y una información precisa sobre la repercusión real que este impacto continuará teniendo sobre los servicios de acogida y sanidad de la ciudad.
Los ciudadanos temen una nueva invasión en los próximos días, como algunos entendidos en la materia se atreven a señalar.
No hay que olvidar que a raiz de estos acontecimientos, han llegado a las playas del Campo de Gibraltar decenas de migrantes tanto en lanchas como en motos acuáticas, lo que ha provocado cierto malestar y temor porque la zona sufra una crisis como la vecina ciudad de Ceuta.








