Este domingo, 1 de noviembre, quiero dedicar mi artículo en Sal Televisión a un querido amigo de hace muchos años, un extraordinario profesional, un ejemplar servidor público, un hombre de fiar, buen español, andaluz, cañaílla y callejolero.
Rafael nació en San Fernando el treinta y uno de mayo de mil novecientos sesenta y cinco, a las nueve de la mañana, en la casa de sus abuelos en el número doce de la calle Carmen.
En esa casa pasó gran parte de los días de su infancia, ya que su abuelo trabajaba en Bazán como administrativo. Gestionaba una tienda aneja a la vivienda, “Tejidos Canto”, donde su abuela Manuela regentaba un taller de bordados a máquina. En este taller, las muchachas de la época aprendían a realizar todo tipo de bordados. Por ello, su madre, como era costumbre entonces, ayudaba a mi abuela a sacar adelante las tareas del hogar.
Su padre, Juan, apodado por su gran corpulencia “El Largo”, se dedicó toda su vida a la huerta y a una vaqueriza de vacas de leche y algunos becerros de carne. Tenía una huerta en la calle San Onofre, 38, lo que hoy es la Urbanización Cavan, desde San Quintín a Santo Entierro, donde estaba la casa familiar, en el número 42 de esta última, junto a la ITV.

Desde muy temprana edad, todos colaboraban como podían, compaginando esta labor con las horas de colegio. Su padre, después de ordeñar a mano por la mañana y por la tarde, nunca utilizaba ordeñadoras, ya que sostenía que eso no era bueno para las vacas.
Tenía que repartir los litros a cada cliente “marchante”, que incluían desde el hospital Militar de San Carlos hasta el Bar El Dean, Royalti, La Andaluza y un innumerable listado de negocios de hostelería, así como unos cuarenta particulares. La leche se repartía en botellas de «Casera» o de vino Savin, y había que correr para evitar que los guardias le confiscaran la leche, que era el sustento diario de su hogar.
Rafael no fue muy brillante en sus estudios en el colegio, repitió séptimo y pasó a la entonces Nueva Escuela de FP de la Ardila, donde lo mejor que había durante las clases eran los bocadillos de la cantina regentada por Román.
A sus catorce años, ingresó en el curso transitorio para estudiar Técnico de Electrónica Industrial, aunque su inquietud no era esa, porque su vocación tenía clara que era la de servicio, por lo que convenció a sus padres para que lo autorizaran con su firma para ingresar en el Ejército de Tierra con dieciséis años recién cumplidos; con su uniforme a tan temprana edad parecía que había hecho la Comunión.
A los dieciocho años, decidió que prefería ingresar en la Policía Local, por lo que se matriculó en nocturno para sacar el Graduado Escolar, y como ya tenía conciencia del esfuerzo recompensado tras los duros años de acuartelamiento, teniendo en cuenta que aún se respiraban reductos de dictadura en esos momentos, consiguió aprobarlo con buena nota y eso lo alentó para matricularse en Bachillerato por las noches, para así poder ir trabajando en lo que iba saliendo.
En 1987 logró ingresar temporalmente en la Policía Local y, tras una nueva convocatoria en 1988, finalmente consiguió su plaza como funcionario de carrera en 1989 en San Fernando.
Cuando llevaba apenas año y medio escaso, le propuso la jefatura del Cuerpo crear el servicio de paisano, dada su implicación en la erradicación de la lacra de la droga que arrasaba sin medida en San Fernando, cosa que agradeció enormemente y conformó junto a su compañera María, ya que necesitaba que hubiera una mujer para atender a los registros de las detenidas. Así comenzaron a funcionar. En principio lo hicieron, trabajando integrados en los grupos operativos del Cuerpo Nacional de Policía, y así durante aproximadamente un año, hasta que, ya alcanzada la suficiente experiencia en materia operativa y judicial necesaria para andar solos, crearon el Grupo Operativo de Seguridad Ciudadana de la Policía Local.
Fue tal la dedicación al servicio que los propios jueces y magistrados los comisionaban para investigar cualquier tipo de asuntos, mediante oficios, a lo que jamás pusieron ni la más mínima excusa, porque vocacionalmente era tomado como un reconocimiento a la labor desarrollada.
En 1995, Rafa, por cuestiones de injerencia política sobre el intento de control de actuaciones policiales, dimitió de su cargo como responsable del servicio y pasó a formar parte de 092 y Atestados.
Se dieron las circunstancias de que un buen amigo y compañero de Rafa sufrió la apertura de un expediente disciplinario, que parecía tener claros tintes de intentar frenar su carrera debido a intereses políticos. Su gran amigo Juan le pidió que lo defendiera como delegado sindical, a lo que le contestó: “Pero si lo que yo he hecho es meter gente en la cárcel, ¿cómo te voy a defender? No tengo ni idea de lo que hacer”. A lo que este le respondió que nadie mejor que él.
Rafael fue nombrado delegado sindical entre los seis afiliados que había en medio de una graciosa reunión en el antiguo Bar Paroli, en el tiempo de tomar una caña y entregarle los sellos.
Después, tras las primeras elecciones sindicales, le propusieron hacerse cargo del sector provincial de Admon. Local de Cádiz, a la vista de que era necesario fortalecer la acción sindical conjunta, aceptó y aportó a dicha tarea todo su tiempo libre, ya que carecía de liberación para desarrollar estas funciones.
Esto ocurrió en 1999 y no se le dio nada mal, ya que se creó un grupo de representaciones provinciales, generando la estructura del Sector Autonómico de Administración Local de Andalucía, y al año logró constituir el Sector Nacional, llegando a ganar las elecciones a los sindicatos de clases en la mayoría de ayuntamientos y alcanzando representación en diputaciones, sin olvidar que en aquellos años a los delegados en el País Vasco les salían ardiendo conches y las sedes, porque en el logo estaba el mapa de España y no es necesario recordar lo que hacían los criminales de la banda terrorista ETA.
A medida que el crecimiento representativo se consolidaba en los territorios, el número de delegados iba creciendo, por lo que dieron el salto a las comisiones profesionales de los sindicatos independientes en Europa, EUROFEDOP, desde donde también mensualmente tenían reuniones periódicas para poner en común las tendencias reivindicativas del entorno de la función pública en todos los ámbitos, consolidando un importante órgano de participación con aquellas reuniones que la UE les facilitaba en el Centro Jean Monet de Luxemburgo.
Tras esta larga trayectoria de once años, culminó con grandes éxitos de beneficios para los empleados públicos de entidades locales, que hoy en día han permitido seguir avanzando en las mejoras.
Y como el roce hace el cariño, después de tantas conversaciones y reuniones en el Congreso y el Senado, como en el Parlamento de Andalucía con los grupos políticos, culminó con la invitación del Partido Popular a incorporarse a sus listas autonómicas en 2012, algo que le costó muchísimo decidir, dado que tenía entre sus manos un gran proyecto en ejecución sindical que había que continuar.
Finalmente, su equipo fue el que le alentó a dar el paso y enrolarse en la política andaluza, confiando en que, como había gestionado la acción sindical, también podría aportar importantes actuaciones de beneficio para los andaluces. Recibió el agradecimiento de todos sus compañeros y fueron muchas calurosas e inolvidables despedidas.
Tras celebrarse las elecciones, tomó posesión como parlamentario en la IX Legislatura del Parlamento de Andalucía en el año 2012.

Ostentó la responsabilidad de la portavocía de función pública, formó parte como vocal de la comisión de vivienda e infraestructuras, así como en la comisión del Estatuto de Autonomía. Además de las tareas orgánicas en la estructura del partido, como secretario ejecutivo del comité ejecutivo andaluz y portavoz provincial desde mediados de 2013 hasta finalizar la legislatura de forma anticipada por disolución en 2015. En julio de ese mismo año se reincorporó a su puesto de Policía Local en San Fernando; lo hizo con orgullo, pues podía ejercer y volver mirando a la cara de sus compañeros que lo acogieron con los brazos abiertos.
Tras esta etapa en la política andaluza, pasó a desarrollar las funciones propias operativas como policía en todo su esplendor, porque si algo le llena de satisfacción a los profesionales que lo son por vocación, es finalizar el servicio con el sano orgullo del deber cumplido.
La formación siempre ha sido una de las principales inquietudes de Rafael; atesora centenares de horas de formación profesional, pero tenía algunos objetivos personales que inició en los noventa, pero que, por su dedicación al servicio, no pudo llevar a cabo, sobre todo por falta de tiempo para el estudio, acudir a las clases y los correspondientes exámenes.
Gracias a su perseverancia, se graduó en 2022 de Ciencia Política y Gestión Pública en la Universidad de Burgos con mención en Gestión en la Administración Pública y mención especial en Economía Internacional.
Graduado en Derecho por la Universidad de La Rioja (UNIR) en este año 2026.
Si Dios lo quiere, se podrá jubilar el próximo año, y una vez culminados los requisitos para el ejercicio profesional, tiene pensado dedicar su tiempo a la abogacía, ya que siempre ha sido un amante del Derecho y por las circunstancias no todos los jóvenes se podían permitir estudiar en la década de los setenta y ochenta.
Rafael Ruiz Canto está casado, tiene cuatro hijos y una nieta. Sus venerados padres fallecieron en 2021 y 2024, dejando un hueco imposible de llenar.
Hasta aquí se presenta la historia de un cañaílla de pro, que defiende a La Isla donde quiera que vaya, que ama y lucha dentro de sus posibilidades para que la ciudad progrese en todos sus aspectos. Es un experto en la Administración Local, en la cual presta servicio como Policía Local en el Ayuntamiento de San Fernando.
Rafael es de ese tipo de personas que se han hecho a sí mismas y eso se ve en que no le gustan las medias tintas, el doble rasero, mucho menos la falsedad. Es un hombre de honor con todo lo que eso significa, de los que no se venden, de los que gusta mirar a los ojos de los demás, aunque algunos tengan que desviar la mirada.
Honor, espíritu de sacrificio, ostentar la dignidad de servidor público y actuar con coherencia. Fiel y leal con quienes tiene que serlo, luchador de causas justas, como lo es la problemática que arrastra la Policía Local en San Fernando, incomprendido por quienes no quieren comprender, con autoridad moral ante quienes carecen de ella.
En verdad, amigo Rafa, muchas veces estamos desubicados en este mundo tan alejado de los valores en que ambos crecimos; aun así, somos de los que pensamos que con trabajo, dedicación y esfuerzo se puede cambiar a mejor lo que nos rodea.
Ha sido un verdadero honor dedicarte este artículo, de callejolero a callejolero, en este domingo 25 de octubre, en el que se celebra el Día del Cerro, recordando nuestras tradiciones y raíces. ¿Habrá algo más isleño y cañaílla?
Al final publico este artículo en mi tribuna de opinión en Sal Televisión el último domingo del mes de octubre, tan isleño y carmelita.
Espero verte más pronto que tarde y brindar por la vida, que no es poco.
Jesús Rodríguez Arias







